AGRADABLE PARA ÉL

 
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Desde pequeña asistía a la iglesia con mi familia y recuerdo que siempre estuvimos involucrados en todos los eventos que se realizaban, mis papás incluso dirigían un grupo en casa. Yo crecí en Chihuahua con todas las comodidades, pero debido a que mi papá estaba siendo constantemente amenazado, tuvimos que dejar la ciudad y mudarnos a El Paso. Pasamos de tenerlo todo a prácticamente empezar de cero. Yo no entendía muy bien lo que estaba sucediendo pero pensaba que al menos nos teníamos el uno al otro.

Un par de años después, nuestra situación económica empezó a mejorar, todo parecía irse acomodando y pensaba que era cuestión de tiempo para que volviera a ser como antes. Mi papá, mi hermana menor, Lídice y yo nos empezamos a reunir en Vino Nuevo. La verdad no tenía muchas ganas de ir, estaba enojada, solo iba cada domingo porque mi papá me obligaba pero no podía dejar de pensar en todo lo que había dejado en Chihuahua. Pudimos mudarnos a una casa mejor, nuestras finanzas prosperaban, pero mis papás empezaron a tener desacuerdos; peleaban todo el tiempo y su relación era tan complicada que muchas veces escuché la palabra 'divorcio'.

conocí a alguien y me hizo sentir que no todo estaba perdido. Me enamoré y busqué en él la felicidad y el amor que en casa no encontraba, pero pronto me vi envuelta en una relación de manipulación y chantaje

Por si fuera poco, al entrar a la preparatoria, en el intento de buscar un refugio a todo lo que estaba pasando en mi vida, conocí a alguien y me hizo sentir que no todo estaba perdido. Me enamoré y busqué en él la felicidad y el amor que en casa no encontraba, pero pronto me vi envuelta en una relación de manipulación y chantaje. Me hacía sentir que todo era mi culpa, que estaba mal, que no era bonita y que no era lo suficientemente buena. Mi autoestima estaba por los suelos, me sentía insegura y que sin él no valía nada. Cada cosa que él decía se convirtió en una verdad para mí y surgió una obsesión por querer agradarlo, sin embargo, vivía en una constante tristeza y depresión porque no lo lograba. Llegó el momento en el que mis papás decidieron divorciarse así que el sueño de que todo volviera a ser como antes se veía cada vez más lejano. No entendía porque a mí me estaba pasando todo esto.

Mientras que yo buscaba todo lo que me hacía falta en el lugar incorrecto, mi hermana Lídice estaba ya muy involucrada en la iglesia sirviendo en Xtreme Kids y aunque yo nunca dejé de asistir a mí no me interesaba relacionarme con nadie. Cuando la gente se acercaba conmigo para saludarme (¡y vaya que eran insistentes!), para hacer amistad o invitarme a un grupo en casa, yo la rechazaba; ponía mi peor cara y esperaba que no me volvieran a hablar aunque eso nunca funcionaba y no entendía porqué. Desde el primer día en que crucé la puerta, la gente siempre fue muy amable conmigo y me hacían sentir bienvenida pero era algo que a mí en realidad no me importaba mucho, o a decir verdad, casi nada.

Veía a mi papá y a mi hermana servir con amor cada domingo sin excepción, eso fue algo que me motivó pues siempre los veía contentos y empezó a crecer también ese anhelo en mí por lo que decidí acercarme a la iglesia y probar. Después de 3 años, hubo un momento de claridad en mí. Tomé el valor necesario y terminé con mi relación, me di cuenta de que eso no era lo que quería y ahora sé que fue Dios trayendo su luz a mi vida. Fue como si la venda se cayera de mis ojos, como si me devolvieran la vista.

Empecé a buscar qué hacer pero nada me gustaba ni me hacía sentir cómoda. Llegué a servir a la cafetería pensando que sería algo sencillo, que no implicaría mucha interacción con la gente más allá de recibir y dar dinero de vuelta, porque aunque quería involucrarme tampoco era para tanto. Desde el momento en el inicié, las servidoras con las que estaba me recibieron con amor, me hacían sentir bien, segura y cómoda. Sin saber, Dios estaba tratando conmigo y mostrándome su amor.

Lo que no sabía es que en ese viaje a la Sierra Tarahumara Dios iba a poner en mí un amor inmenso por los niños. Sé que puede sonar un poco extraño, pero empecé apreciar las montañas, los árboles, las flores, el cielo y toda la naturaleza. Dios me hizo poner atención a cosas que nunca antes había notado

Sin darme cuenta fui bajando la guardia. Por este tiempo estaban por iniciar los grupos en casa y un domingo, Alexis y Natalia, quienes ahora son mis amigas, me invitaron al suyo. Recuerdo que por mucho tiempo se acercaban a mí cada domingo para saludarme y buscaban platicar conmigo aunque yo siempre fui grosera. Pero esta vez, a diferencia de las anteriores, sentía en mi corazón que ya estaba lista para abrirme y empezar una amistad, su persistencia y amabilidad me impactó así que acepté. Sinceramente, una parte de mi quería comprobar si de verdad yo les importaba y si querían ser mis amigas genuinamente. Llegó el día y me presenté en el lugar sin saber que esperar, éramos solo 4 chicas, pensé que no funcionaría pero en ese lugar comenzaron mis verdaderas amistades. Continúe involucrándome en la iglesia y empecé a crecer espiritualmente. Aprendí a amarme a mi misma, a no sentirme insegura, mi autoestima fue sanando y pude experimentar el tener una verdadera relación con Dios.

En el grupo nos motivaban a ir a un viaje misionero, nos enseñaban fotos y videos pero siempre pensé que eso no era para mí. Estaba convencida de que jamás iba a ir a uno pues no estaba dispuesta a no bañarme, a pasar incomodidad ni a dormir en el suelo, pero fue tal la incomodidad que Dios provocó en mí que al final, una vez más dije -voy a probar- así que me anoté. Antes de ir, odiaba la naturaleza, no quería salir de mi cuarto nunca, no me gustaban los niños; me parecían insoportables. Lo que no sabía es que en ese viaje a la Sierra Tarahumara Dios iba a poner en mí un amor inmenso por los niños. Sé que puede sonar un poco extraño, pero empecé apreciar las montañas, los árboles, las flores, el cielo y toda la naturaleza. Dios me hizo poner atención a cosas que nunca antes había notado. Estaba muy feliz y sorprendida porque nació un deseo en mi corazón por hacer otro viaje.

Tiempo después regresé a la Sierra y Dios continuó poniendo de su amor en mí para con los niños y eso solo me trajo más inquietud, jamás pensé que pasaría, pero deseaba servir en Xtreme Kids. No me sentía segura ni preparada, además ya estaba en la cafetería pero le conté a la encargada lo que estaba sintiendo y lo que Dios había hecho conmigo. De inmediato me apoyó y me animó a cambiarme a Xtreme Kids.

Hoy me siento plena, alegre, fuerte, segura de mí misma, llena del amor de Dios, convencida de que me creó a su imagen y semejanza y que soy agradable para Él.

 
Vino Nuevo