Mi Último Año De Vida

 
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Llegó enero y decidí empezar el año bien. Fui al doctor ya que mi esposa Aidé siempre insistía en que me revisara un lunar que me había salido entre el ojo y la nariz, el cual inició como un granito que fue creciendo y cambio de color y aspecto y además constantemente tenía la sensación de que tenía algo en mi ojo, una basurita o algo que me estorbaba y cuando lo sentía le pedía a Aidé que me revisara pero no encontraba nada así que nunca le di importancia. El médico me revisó e hizo unas anotaciones en mi expediente y me pidió que hiciera cita con el cirujano plástico. –“Listo, ya me van a quitar éste lunar”, pensé. El día de la cita llegó, Aidé fue conmigo pero yo entré solo y ella me esperó afuera pues sería un procedimiento rápido .

El médico me atiende y empezamos a conversar, mira mi expediente, me revisa y me dice que me tiene que operar ya. Yo no entendía porque, de pronto como si nada me dice que ese lunar en mi cara es un melanoma cancerígeno tan agresivo que empezaría a extenderse a otros órganos y que si no me operaba ya, ‘’me iba a ir’’. –‘‘¿Ir a dónde?”, le pregunté. No estaba entendiendo nada. -“Te vas Adán, tan sólo un año de vida si no te opero ya”’ dijo. Me quedé helado y no supe que decir, además me dijo que la cirugía era invasiva por lo que la cicatriz sería muy fea. Por último me asignó fecha un mes después para la operación y salí a encontrarme con mi esposa en la sala de espera.

Sin comprender bien lo que estaba pasando le conté la noticia a Aidé, quien tampoco entendía que significaba “que me iba a ir”. ¿Sabes lo que es tener que decirle a tu esposa que te vas a morir? De inmediato me dijo que el doctor estaba loco, que él podía decir muchas cosas pero Dios era quien tenía la última palabra. Nos subimos al carro y camino a casa pudimos digerir más lo que estaba pasando, voltee a ver a Aidé y sus ojos se llenaron de lágrimas. Aunque yo también estaba asustado le dije que no se preocupara, que pasaría lo que Dios tuviera preparado. Dentro de mí no podía dejar de pensar que iba a pasar pero tenía que tranquilizarla.

Tan pronto llegamos a casa reunimos a nuestros tres hijos y entre lágrimas que no pudimos contener, les contamos la triste noticia. Mi hija menor Yahaira nos pidió que nos calmáramos y tranquilamente nos dijo –“No, yo no lo creo, eso no va a pasar. Dios no te salvó de tantas cosas en tu trabajo como para que ahora te quiera matar un cáncer. ¡No! Vamos a orar por un milagro y confiemos en Dios y Él va a obrar, Él lo va a hacer”. Desde ese día empezamos a orar como familia y esperábamos que Dios se manifestara en mi vida.

Mientras los días transcurrían en espera de la cirugía, los síntomas que antes podían pasar desapercibidos se fueron evidenciando más, parecía como si al escuchar la palabra –cáncer- se hubieran desatado. Ahora sentía constantemente esa basurita estorbándome, me temblaba el ojo y unos fuertes dolores se extendían desde ahí hasta la parte de atrás de mi cerebro.

Al fin era tiempo de la cirugía. Para sorpresa nuestra, en el hospital nos dijeron que el médico había sido operado así que yo tenía que regresar un mes después para mi operación. No sabía si sentir alivio o angustia porque sería un mes más de incertidumbre en el que no sabría que pasaría conmigo. En espera de la nueva fecha hubo tiempos de angustia y temor en los que flaquee y me desanimé pero si no hubiera sido por mis tiempos con Dios y la lectura de su Palabra que me levantaban y me mantenían de pie, no se que hubiera sido de mi. El 8 de marzo ingresé al quirófano, antes de entrar me puse en las manos de Dios y le pedí que hiciera su voluntad, tenía miedo pero sabía que Él estaría conmigo. La cirugía terminó, removieron el lunar y se llevaron la muestra a patología para examinarla, aún debía esperar un mes más para conocer los resultados. Gracias a Dios la recuperación fue sencilla pero nuevamente la incertidumbre me invadía, durante las noches en las que todos dormían, no podía evitar pensar que pasaría. Una y otra vez le entregué mi familia a Dios y le pedía hiciera su voluntad en mi vida pero que fuera cual fuera no desamparara a mi familia, que no dejara a mi esposa y a mis hijos.

Hace año y medio que llegamos a Vino Nuevo y somos tan bendecidos porque en tan poco tiempo Dios nos ha rodeado de muchas amistades. Aidé tiene un grupo de mujeres en casa, yo asisto a un grupo de hombres y juntos servimos en Bienvenida los domingos mientras que mis hijas asisten a Visión Juvenil. Como familia, todos compartimos con nuestras amistades lo que estaba pasando y todas éstas personas estuvieron orando por nosotros desde el momento en el que supieron lo que pasaba, siempre nos apoyaron y estuvieron al pendiente. Mi esposa me cuenta que ella quería contárselo a todo el mundo pues entre más personas supieran, más oraciones se harían y el clamor a Dios sería mayor pues ella sabía el poder que tiene la oración. Un domingo en el servicio durante la alabanza cantábamos ‘Lo harás otra vez’ y tomó tanto sentido en mi vida que lo convertí en una oración, tomé y creí esa promesa para mi vida. Le dije “Yo sé que tú mueves montañas, yo creo en ti, sé que lo harás otra vez. Dios haz tu voluntad”.

Mi cita para los resultados de los exámenes había llegado. Ésta vez Aidé entró conmigo, el doctor sacó mi expediente, lo miró y subrayó algo para enseguida mostrárselo a mi esposa –“¿Qué dice ahí?”, le preguntó. Aidé lo miró con asombro y el médico le respondió –“¡Sí, Si era cáncer pero lo removimos todo y ahora Adán está libre de cáncer!”. ¡Qué alegría! ¡Queríamos gritar de la emoción! ¡Él lo hizo otra vez! ¡Dios me sanó! Nos explicó que desde el momento en el que abrió y removió el lunar supo que era cancerígeno , había crecido y se había profundizado tanto que el pudo meter su dedo meñique en la cavidad y de no haberse atendido hubiera seguido extendiéndose. Salimos del consultorio ansiosos por contarle a todos, ¡no cabía en nosotros tanto gozo y agradecimiento a Dios por lo que había hecho en mí! tanto que queríamos abrazar a la enfermera quien al contarle se alegró con nosotros. Tan pronto subimos al carro empezamos a llamarle a nuestros hijos, familiares y a todos nuestros amigos de los grupos, del servicio y a todos los que estuvieron orando por nosotros.

Hoy aunque ya fui dado de alta, estoy en espera de mi próxima cita en julio y debo estar periódicamente en revisiones pues el doctor dijo que podía regresar el cáncer pero sé que no será así, estoy confiado en que mi Dios me sanó por completo, Él es tan bueno que ni siquiera tengo cicatriz. Él no deja las cosas a medias, no es hijo de hombre para que se arrepienta y sé que el cumple sus promesas y yo ya estoy sano.

Durante ésta temporada pude ver el amor de Dios no solamente hacia mí sino hacia mi familia en cada muestra de apoyo, a través de gente de los grupos y familias enteras que estuvieron orando y al pendiente de mí, personas que ni siquiera me conocían pero se acercaban a darme una palabra de ánimo y sé que en esto y en cada detalle era Jesús mostrándome su amor y cuidado. Cuando ya no pude más dejé todo en manos del hacedor de milagros, confié plenamente en Él, le entregué todo de mí, le creí y Él obró. Sé que el propósito de Dios no sólo era sanarme también nos unió más como familia, ahora tenemos una mejor comunión con Él y disfrutamos de una paz inexplicable. Sé que mi Dios es real y cada que escucho la alabanza ‘Lo harás otra vez’, recuerdo lo que Él hizo en mi y lo que puede seguir haciendo en mi vida si tan sólo decido confiar y creerle pues Él es el mismo de ayer, de hoy y por siempre.